Mensaje de bienvenida

Hola a todos/as, os doy la bienvenida a mi blog que espero que os guste.

Es el primero que hago y el tema que elegí fue el de la Adolescencia porque pienso que es un tema muy importante ya que el día de mañana, cuando seamos Educadores Sociales, entre otros alumnos, tendremos a jóvenes y adolescentes con problemas de integración social y con las ideas un poco desordenadas.

Os invito a participar en él aportando comentarios y opiniones para que entre todos podamos sacar conclusiones e ideas.

¡¡Un saludo!!
Cynthia


jueves, 9 de diciembre de 2010

Estilos educativos

¿Cómo educan los padres a sus hijos? En general, los padres suelen guiarse por patutas educativas esepecíficas que se suelen aplicar de forma constante aunque pueden variar de un hijo a otro, pero en general, podemos hablar de cuatro estilos educativos:
  1. Estilo democrático: adoptan niveles altos en control y afecto. Proporcionan  un entorno afectivo y comunicativo adecuado, son cariñosos, están pendiente des de sus hijos, pero a la vez mantienen bien delimitadas las normas y reglas que los hijos deben cumplir. Ante conflictos lo solucionan mediante el diálogo y el razonamiento evitando el castigo. El resultado de los niños con esta educación son: una buena valoración de sí mismos, independientes y curiosos y obtienen buenos resultados en el colegio.
  2. Estilo autoritario:ejercen altos niveles de control y manifiestn poco afecto. Son padres muy exigentes y severos en cuanto a la imposición y cumplimiento de normas. Utilican el castigo cuando no se cumplen las normas. El resultado es que estos niños pueden presentar problemas de conducta, agresión, hostilidad y frustración. Además pueden ser más inmaduros, inseguros y dependientes. así ocmo desarrollar un menor nivel de capacidad crítica.
  3. Estilo permisivo: no tienen interés en imponer normas de conducta a sus hijos ya que consideran que los niños deben progresar por su propios medios. Tienen un nivel de exigencia muy bajo y los niños pueden tomar decisiones o actuar sobre cuestiones que superan su capacidad de previsión, sus habilidades, etc. El nivel de afecto es alto. El resultado es que estos niños tienden a ser impulsivos e inmaduros.
  4. Estilo indiferente: presentan bajos niveles de control y de afecto. Este es el estilo más dañino para los niños. No proporcionan a us hijos apoyo emocional, no crean un entorno efectivo adecuado y tampoco se preocupan por establecer límites ni normas de conducta. El resultado es que estos niños no suelen presentar un desarrollo ajustado, tienen dificultades para establecer interacciones satisfactorias con los demás y pueden ser inmaduros, inestables, desobedientes y exigentes.

viernes, 3 de diciembre de 2010

¿Cómo ayudarlos en la transición de la niñez a la adolescencia?

En la hermosa tarea de criar a los hijos, los padres deben conocer bien que las diversas etapas del desarrollo infantil tiene objetivos y tarea específicas. Mientras para los bebes es comer, dormir y explorar su mundo, para los adolescentes es desarrollar su propia identidad dentro del grupo de amigos.
En la etapa de adolescencia, el joven percibe la necesidad de mayor independencia. En el proceso de ir alcanzando esta necesidad, algunos logran la transición sin problemas, pero en otros esta experiencia puede causarle tristeza y algunas dificultades al relacionarse con sus padres. Algunos aspectos de esta transición son normales y aunque causan mucha tensión, no deben de ser causa de alarma para los padres.Ante ello, es importante que los papás se preparen para esta etapa esencial para el hijo y al mismo tiempo lo ayuden para que realice una transición sin inconvenientes y un mayor éxito en el logro de las tareas del desarrollo hacia la adolescencia; a continuación se brindan los siguientes consejos:
  • Brindar un ambiente seguro y amoroso en el hogar.

  • Crear una clima de honradez, confianza y respeto mutuo.
  • Permitirle al adolescente la independencia apropiada para su edad.
  • Llevar una relación con el niño que le permita confiar en los padres cuando tenga preocupaciones o problemas.
  • Educarlo en la responsabilidad básica para con sus objetos personales.
  • Enseñarle la responsabilidad básica de ayudar en la casa.
  • Enseñarle la importancia de aceptar límites.
Entre los aspectos más importantes de la relación entre los padres e hijos está la apertura libre del niño para con sus padres acerca, que lo lleve a compartir sus alegrías o problemas. Para llegar a esto es esencial la constancia, paciencia y comprensión, puesto que esta relación se desarrolla gradualmente, en la medida que se le dedique tiempo al niño. Es importante aprovechar las oportunidades para estar con los hijos durante las comidas, contándole cuentos, leyéndoles, jugando con ellos, durante excursiones, vacaciones y celebraciones.
Especial atención hay que dar al hijo en los momentos difíciles o tristes. De esta manera, se crea una base de confianza que le permite al niño el discutir con sus padres los problemas y conflictos que surjan durante la adolescencia.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Los adolescentes y el alcohol, ¿cómo tocar el tema?

Los adolescentes y el alcohol, ¿cómo tocar el tema?

Cómo animar a los jóvenes a descubrir el libro

Una obligación desagradable
Hay quienes no pueden creerse todos esto. Sobre todo algunos padres. ¿Acaso no están los colegios mejor que nunca y los educadores muy concientizados de la conveniencia de la lectura? Punto importante, que conviene aclarar: no es que no exijan la lectura en los centros de enseñanza. Al contrario: se hace más que nunca. Pero esa exigencia, en lugar de convertir el leer en algo agradable, lo hace molesto. Consecuencia: cada vez encuentran los estudiantes más dificultades para entender cualquier libro. Por no hablar de manejar la bibliografía, de acudir a las fuentes. De eso, casi nada. Se lee el libro que hay que leer, utilitariamente para el examen. Queda como de otro planeta eso de encontrar placer en la lectura, de enfrascarse en el libro, de no poderlo dejar... Según un estudio realizado para el Ministerio de Cultura (15.000 entrevistas a ciudadanos mayores de 18 años), el 63% de los españoles no compra ningún libro al año. En el 17% de los hogares no hay ni un solo libro. La media, por hogar, es de 145. Dedica algún tiempo a la lectura el 56% de la población. El 42 no lee jamás, ni por una urgencia, ni una vez al año.
La influencia familiar
No hay más remedio que preguntarse por las causas. Nunca, como desde hace treinta o veinte años, según los países, los sistemas escolares han hecho hincapié en la lectura. Nunca como hoy la lectura ha sido tan obligatoria. Pero ahí está ya parte del problema: nunca ha sido más teórica. El libro se hace cosa escolar, tarea. Al mismo tiempo el niño o la niña no ven leer a sus padres.
Inteligencia en la escuela
En algunos colegios se está enfocando el aprendizaje de la lectura de un modo menos escolar y más inteligente. No se trata de que los alumnos lean -y menos de que simulen que han leído- sino de que lleguen a descubrir por su cuenta el libro. Por su cuenta, después de una callada orientación.
En la historia de la humanidad, antes del libro está la narración oral, el contador de historias. Poca gente, si hay alguna, es insensible a la narración de historias. El cuento, antes que impreso, está en los labios. Muchos libros pueden ser empezados por los maestros y, cuando la atención ha prendido, continuados por los alumnos, ya en la lectura. Y no sólo en la enseñanza primaria. Lo mismo puede y quizá debe hacerse en el bachillerato.
No es buen síntoma tampoco hacer en el aula un elogio cultural del libro. Estos elogios, realizados con la mejor intención, suelen ser contraproducentes en la mayoría de los alumnos. El libro tiene que entrar casi como un juego, como un tesoro escondido. Nadie va pregonando un tesoro escondido. Hay que señalar pistas, como quien no quiere la cosa, para que cada uno lo encuentre. Como en la isla del tesoro, de Stevenson, que no en vano es siempre uno de los preferidos.
La propia lista
Tampoco parece un buen sistema elaborar listas de libros imprescindibles. Y por la misma razón: parece algo ajeno, impuesto. Sin duda alguna, es posible hacer listas de los mejores libros, pero cada uno de ellos ha de ser encontrado como si se acabase de escribir. Los niños y los jóvenes, por lo general, reaccionan en contra de la pedantería cultural, incluso cuando no saben lo que eso es. No se trata de leer a ultranza o de leer por leer, sino de redescubrir lo valioso que ha sido hecho por alguien.
Por eso no importa que a veces se empiece por libros que estén de moda o que sean triviales, con tal que no se trate de pura basura ortográfica, sintáctica o moral. Se empieza por lo trivial, se adquiere el hábito de leer y luego se continúa, quizá, hasta llegar a disfrutar de la Ilíada, y no en versión adaptada.
Un libro medianamente bueno implica, en su autor, muchos años de lectura; el uso de una tradición lingüística y cultural que es objetiva, que se hereda, no se fabrica. El lector habitual va almacenando mucho más de lo que él se imagina. La metáfora del tesoro de la memoria, por gatada que esté, se refiere a algo real.
Más importancia en la lectura
Si esto es así, y parece que sí, el gusto por e libro sólo puede ser transmitido por verdaderos gustadores de libros. Como dice el viejo proverbio, el valle se defiende en el bosque. Si no se cuida el bosque, la erosión alcanzará finalmente a todo. El libro, el gusto por la lectura, se defiende en un atento y cuidadoso esmero en el leguaje. En definitiva, hablar y escribir de cualquier manera son incomparables con leer. Esa es la clave esencial.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

El miedo a la libertad. Educación en la confianza

La autoridad ha de exhibirse lo menos posible. Cada vez que se emplea se expone a un riesgo y sufre un desgaste. Tan grave es no usar de la autoridad cuando es preciso hacerlo, como emplearla de modo tan reiterado que acabemos por perderla.
Esto supone aprender a hacerse el despistado de vez en cuando, exponerse a ser engañado en cosas de poca importancia con una ingenuidad sólo aparente antes que mantener ante los jóvenes una actitud de desconfianza o recriminación constantes.
Son precisamente las actitudes desconfiadas las que hacen al chico de diez o doce años adiestrarse en la técnica de la mentira.
No es bueno
manifestar incredulidad:
la educación debe basarse
en la confianza.

Jóvenes reunidas en un parque

No se debe prestar demasiado oído a la acusación. Desechad las sospechas injustas. La confianza ayuda a que le duela sinceramente haber defraudado. Crear un ambiente de libertad en el que se sienta a sus anchas sin estar rodeado de controles, y el buen ejemplo rendirá sus frutos.
La libertad no está reñida con la autoridad y la disciplina, sin las cuales será muy difícil que cada cual pueda, sin herir a otro, gozar de libertad de movimientos o de expresión.
Mala cosa sería que el chico se acostumbrara a oír repetir una determinada orden varias veces. Así, cada día tardará más en obedecer, y en muchas ocasiones ni siquiera llegará a hacerlo.
No es nada educativo, por ejemplo, llamarle cinco veces para que se levante, la última con suficiente tiempo todavía para llegar holgadamente al colegio. Si el chico no es obediente, es mejor llamarle a la hora en que se le exige que se levante.
                                                          
A veces la crisis de autoridad en la proviene de que se desautorizan mutuamente unos a otros ante el chico. Se echa la culpa a otro, o a otros, pero no se busca el acuerdo de todos para poner remedio.
Es preciso ponerse de acuerdo para convenir una solución sobre el modo de actuar en cuestiones concretas. Hará falta, como siempre que intervienen dos o más personas en una decisión, que cada uno ceda en algo de su idea inicial para lograr un acuerdo sin imposiciones.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Aprender a mandar, enseñar a obedecer

En muchos casos, el éxito de la autoridad ante el chico de esta edad está más en cómo se manda que en lo que se manda. El modo de mandar es lo que hace que valore esa autoridad de los padres  educadores, más que la importancia de lo que dicen.
Ejemplos:
Al proponerle que haga algo, no puede darse la sensación de mandar por comodidad personal y, mucho menos, con aire de señor feudal sobre sus siervos. Es bueno que vea que nos molestamos nosotros primero. Y como el ejemplo arrastra, aceptarán así mejor el mandato. Si ven que papá ayuda a mamá en las tareas domésticas, él entenderá que debe hacer lo mismo sin necesidad de que nadie se lo explique.
Lo que mandemos ha de ser razonable. Y si es posible, que también lo parezca. A esta edad suelen ser muy razonables y un esfuerzo, un sacrificio incluso, será aceptado de buen grado si desde el principio se considera como una condición precisa para la buena marcha de algo (de la vida familiar, por ejemplo).
Otra regla básica del ejercicio de la autoridad es no multiplicar las órdenes o prohibiciones. Y más aún si se tratara de exigencias casi imposibles de cumplir.
 
Hay que mandar
lo que razonablemente

se pueda exigir.
Y en esto debemos ser realistas, pues las personas necesitan de cierto entrenamiento, necesitan aprender, y eso requiere tiempo.

Al tener el chico, como ya hemos dicho, un profundo y vivísimo sentido de la justicia, sufre mucho cuando piensa que sus padres o educadores actúan injustamente.

"Nadie engaña impunemente a un niño", dice Courtois. Los que emplean la mentira se desautorizan.

Si actuamos con rectitud, no será preciso mentir. Todo tendrá su explicación natural.

La mentira,
además de inmoral,
es mala aliada
e indica pobreza de recursos.

No basta
con ser justo,
también es preciso parecerlo.

Piensa también que
no debe hacerse promesa
que no se piense cumplir,
ni amenaza
que no se quiera luego ejecutar.